El papel de la banca central y los héroes de Caputo

Compartimos a continuación una nota de la autoría del compañero Matías Leon publicada en la Revista Integración Nacional:

El actual presidente del Banco Central, es la continuación de una serie de sátrapas que ponen la riqueza nacional en los bolsillos de la extranjería.

El reciente acuerdo con el FMI y sus condiciones para un Banco Central más “independiente”, llevan a reflexionar sobre el papel de la entidad que dirige la moneda y el crédito nacional, vale decir la economía en su conjunto.

 

De Prebisch a Caputo

El saqueo por parte de las potencias de la renta nacional en todo el mundo necesita de un medio, un facilitador extranjero y un socio local. El medio ha sido la libre convertibilidad de la moneda nacional por la divisa de la época, sean oro, libras o dólares. Usando para ello a organismo estatales como la Caja de Conversión y luego con el Banco Central de la República Argentina.

Los aliados locales pasan desde expolio inglés con el préstamo de la Baring Brothers y su socio Rivadavia. Hasta el préstamo stand-by entre FMI y el gobierno macrista. A veces el saqueo llega encubierto de auxilio financiero, otras como acuerdo comercial, libre convertibilidad peso-dólar o libre flotación de la divisa.

Siempre que se ha impuesto el modelo convertible, han aparecido instituciones que garanticen su funcionamiento. 

Instrumento de dominación o desarrollo

El Banco Central de la República Argentina nació en la Década Infame, entre el Pacto Roca –Runciman y las cenizas de la antigua Caja de Conversión que años antes había cerrado Yrigoyen. El BCRA fue el hijo pródigo de dos padres, Pinedo y Presbisch, los cuales impusieron un modelo de banco “independiente”, pero con directorio inglés.

“Nosotros somos pequeños satélites en la órbita de las grandes naciones mundiales” decía Federico Pinedo, Ministro de Hacienda de Justo, abuelo del actual senador del PRO.

El banco garantizaba la convertibilidad, emitía moneda, respaldaba los depósitos bancarios (que se encontraban en bancos de manos extranjeras) e incluso lo financiaba. No sólo protegía la especulación que se hacía sobre el dinero de los argentinos, sino que además garantizaba su robo.

Cuenta Jorge Abelardo Ramos en La factoría pampeana:

Justamente a Pinedo le correspondió llevar a la práctica en la Argentina un proyecto de Banco concebido por los expertos ingleses para una institución similar en la India. El Banco Central diseñado por sir Otto Niemeyer había sido propuesto al parlamento indio en 1926. Pero la oposición había sido tan obstinada que los ingleses no lograron imponerlo.”

Los indios ocupados militarmente por la potencia, resistieron este atropello que funcionarios argentinos acataron. Por si queda alguna duda, en la misma historia oficial del BCRA hoy se puede leer: “la aplicación de políticas monetarias seguía estando condicionada por las preferencias e intereses de los inversores extranjeros – predominantemente británicos — que querían enviar sus ganancias al exterior y evitar devaluaciones de la moneda nacional”.

Sin embargo el Banco Central no fue siempre la cueva predilecta del capital especulativo. Con el peronismo, se lo nacionaliza. Junto a la nacionalización de los depósitos, se guían los recursos del sistema bancario y aquellos originados del IAPI hacia una industrialización sin precedentes. Instrumentando tipos de cambio múltiples y bajas tasas de interés, el país del atraso se transforma en la fábrica de autos y aviones a reacción.

La llegada de la contrarrevolución gorila se encargó de devolver el Banco Central y su control sobre el crédito a la banca extranjera. Sería el golpe cívico-militar del 76′ quien perfeccionaría las reglas y lo adaptaría a las nuevas necesidades del sistema financiero internacional.

Por medio de la Ley de Entidades Financieras, cualquier capital extranjero especulativo puede entrar al país, hacerse de millones por medio de la usura y llevarse la plata del país. Sea un gran banco inglés, una financiera norteamericana o un fondo buitre asentado en un paraíso fiscal. Además de eso, el Banco Central está obligado a proveerle los dólares. Hasta el día de hoy, el cuerpo central este marco legal continúa vigente.

El kircherismo modificó parte de la reglamentación del BCRA, añadiendo en sus objetivos la búsqueda del desarrollo económico y la equidad. Lo acompaña de algunos controles a la especulación y amaga con un impuesto a la renta financiera. Sin embargo el núcleo permanece y su papel como garante en la convertibilidad no se toca. Ni hablar de nacionalización de los depósitos o tipos de cambio múltiples.

Llegado el macrismo todas estas reformas, aún aquellas que apuntaban al mero control de la actividad financiera, duermen en el mismo cajón que la Ley de Medios.

La situación actual del BCRA haría enorgullecerse a Prebisch. La universidad argentina se encargó de formar a Caputo y compañía en la tarea. Ya no hacen falta gerentes ingleses en el directorio, un funcionario argentino encabeza la tarea de proteger los intereses del capital financiero.

La tasa de interés del BCRA es del 40% anual, la más alta del mundo. ¿Quién puede producir a esos márgenes? ¿Quiénes pueden pagar eso siquiera para consumir?

El FMI ahora exige un Banco Central aún más independiente. No debe tocar la cotización de dólar y eliminar las mínimas exigencias que se tienen sobre los especuladores. Solamente falta proponer su eliminación y establecer al dólar como moneda oficial.

Los peores de los criminales viven a costa de la destrucción pueblos y países. Tienen a su cabeza en Wall Street, el corazón en Panamá y su oficina en el Central. Ante la catástrofe que se avecina, muchos ya sacaron boleto para Ezeiza. Quizás mañana, ojalá, podamos encontrarlos ahí, pero no en su aeropuerto sino en su penal.