Malvinas en el cielo

Las siguientes líneas tienen tres años de antigüedad. Su publicación en este 2 de abril de 2015 sólo se justifica porque lo escrito describe a los desmalvinazadores con toda su infamia, que no ha cambiado. Y también ofrece al lector una explicación de fondo de la cuestión nacional de Malvinas, que consideramos apropiado poner nuevamente a disposición de nuestro público lector.

 

No obstante, desde el año 2012 la situación se ha agravado por exclusiva responsabilidad del imperialismo inglés. La Corona sangrienta ha reforzado su presencia militar en el archipiélago. Y con su perfidia habitual, el poder periodístico inglés acusa al gobierno de Cristina de ¡preparar una invasión! Los genocidas se disfrazan de víctima. Y los dispositivos de la colonización cultural en la Argentina – gigantes mediáticos acompañados del silencio imbécil de la Universidad y los partidos políticos -, reproducen la injuria británica contra el país.

Sin embargo, la reacción imperialista tiene su respuesta en el campo nacional. El Papa Francisco defiende a la Argentina – y a la América Latina -, cuando, además de apoyar la causa de Malvinas, pide la salida al mar para Bolivia y el fin del bloqueo contra el horoico pueblo cubano y su Jefe el doctor Fidel Castro. La UNASUR exige el levantamiento de las bases estadounidenses del territorio latinoamericano. Los apoyos a la Argentina se fortalecen. Rusia y China se han expresado en ese sentido. La cuestión sigue abierta. Por ello publicamos este artículo nuevamente.

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Existen varios puntos de vista sobre la cuestión de Malvinas. Algunos consideran que la política exterior del gobierno nacional en el asunto obedece a la necesidad de distraer la opinión pública de otros asuntos más «importantes» como la inflación, un supuesto ajuste, o la contaminación de la minería.1 Consideramos que están equivocados.

La disputa de soberanía entre dos países es permanente, porque obedece a razones históricas que trascienden a los gobiernos. El enfrentamiento con Inglaterra por Malvinas lleva casi dos siglos. Incluso la Constitución Nacional impele a las autoridades constituidas a reclamar diplomáticamente nuestros derechos como tarea constante.

Pero el principal defecto de esta argumentación es que no explica por qué los ingleses envían un modernísimo destructor a Malvinas, que se suma al submarino nuclear que navega discretamente esas aguas. Además, la Corona cuenta con la base militar en las islas, que es donde se adiestró el príncipe que tantos tilingos miraron casarse por TV.

¿Qué motiva al gobierno del conservador Cameron a llevar adelante tal despliegue militar? La razón fundamental es que, según estimaciones, Malvinas podría convertirse en una de los mayoras exportadoras de crudo del mundo.

Es evidente que la política argentina constituye objetivamente un ejemplo de resistencia nacional de la periferia a una nueva agresión imperialista, afín a la que experimentan los desdichados pueblos árabes.

En estos términos se expresó la Revista Integración Nacional hace más de dos años, respaldando a la Presidenta y viendo con dolor pero sin sorpresa cómo gran parte de la dirigencia política le negaba su concurso en la lucha, sin importarles ni siquiera que treinta y tres países del hemisferio defiendan el interés argentino. La nota del Dr. Mauro Aguirre se titulaba “Las Malvinas son argentinas y el petróleo también”. 2

Los propagadores de la desmalvinización abarcan desde el Grupo Clarín y el diario La Nación hasta la Universidad argentina, pasando por la mayoría de la dirigencia política. Desde el oligopolio Clarín se ha comparado a Cristina con Galtieri, sobre la base de un supuesto factor común: recurrir a Malvinas para tapar cuestiones internas y perpetuarse en el poder.3

Aquí se busca desprestigiar a la Presidenta, y a la causa nacional suramericana de Malvinas, ligándola a la dictadura y empleando la misma argumentación del gobierno británico, quien carece de toda autoridad para mencionar la palabra democracia en el mundo colonial y semicolonial.

En Jamaica, Kenya o Antigua y Barbuda no regían las prestigiosas instituciones democráticas inglesas. China debió entregar más de veinte puertos por la Guerra del Opio. Los demócratas británicos cortaban los pulgares de los tejedores indios para que no manejasen el telar y compitieran con los textiles ingleses. Esas mismas telas eran elaboradas por la clase trabajadora inglesa e irlandesa, que sufrió la explotación más despiadada que se tenga memoria. No pueden hablarnos de democracia, ni de “autodeterminación de los pueblos” ni nada parecido.

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Como es sabido, la Argentina fue durante largo tiempo el “sexto dominio” británico. La influencia anglosajona no sólo determinó las razas bovinas y extinguió las industrias criollas, sino que ejerció una poderosa sujeción cultural, que fue la base de su dominación. Pero la Segunda Guerra Mundial y la revolución peronista pusieron fin al predominio británico en el Plata.

Hacia 1982, ya nada nos unía con Gran Bretaña. Esa es la razón histórica de fondo que explica la ruptura con el otrora Imperio que encandiló tantas décadas a la rosca oligárquica argentina.

El hecho que los miembros de la Junta Militar desembarcaran el 2 de abril en Malvinas en base a hipótesis todas equivocadas, pues pensaban que EE.UU. no ayudaría a Inglaterra contra su aliado anticomunista suramericano, no invalida el carácter nacional de la gesta. Seguramente, si los generales hubieran previsto tal desenlace, no hubieran recuperado las Islas.4 Pero la Historia compone los sucesos a pesar de las intenciones de sus animadores.

La respuesta de Thatcher no se hizo esperar. En corto tiempo reunió la flota y la despachó al Atlántico Sur. Luego cometió un aberrante crimen de guerra: el hundimiento del crucero General Belgrano y acometió la invasión descartando cualquier tipo de solución diplomática.

Está comprobado la presión de la Armada inglesa a favor de la guerra (el gobierno conservador iba a vender parte de la flota) y de la FIC, monopolio histórico de la economía isleña.5

Por todas estas razones, declarar que la segunda fuerza naval de la OTAN iba a movilizarse y desencadenar un conflicto bélico de consecuencias imprevistas en tiempos de la Guerra Fría, sólo porque unos militares argentinos querían perpetuarse en el gobierno, es sencillamente estúpido. Pero esa es la explicación corriente de la guerra de Malvinas.

Los británicos la justifican como una guerra de la “democracia” contra la “dictadura”. Es la manera de ocultar el colonialismo de una potencia que está cometiendo genocidios en este mismo momento. La democracia que recuperamos en 1983 no se la debemos a los ingleses. La obtuvo el pueblo argentino.

Pero la derrota condicionó también esa democracia. Y la partidocracia semicolonial subsiguiente, que ajustó, privatizó, endeudó, y agravó el sistema rentístico financiero de concentración y transferencia de la renta nacional al exterior instaurado por Martínez de Hoz, que condujo al estallido de 2001 fue fundamentalmente desmalvinizadora.

Se trata de impedir la recuperación de la conciencia histórica, que es el prerrequisito de la conciencia nacional. La deformación de la verdad tiende a negar el carácter nacional de la causa de Malvinas. Porque si los argentinos y argentinas se malvinizan no habrá empresa que no podamos afrontar, ya que los pueblos se liberan cuando toman plena conciencia de su pasado y claridad de su destino.

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Finalmente, observamos que los desmalvinizadores, entre los cuales se encuentran afamados periodistas, intelectuales, abogados constitucionalistas, historiadores, que prestan su firma a un innoble propósito, han acudido últimamente a incorporar la cuestión de los “deseos de los habitantes”.

Sabemos que no desconocen que se trata del argumento británico para no cumplir con la ONU, que dispone que las partes se sienten a discutir la soberanía. Dicen que los kelpers quieren seguir siendo británicos y esgrimen, con un cinismo descarado, la tesis de la “autodeterminación”. Atentos a este propósito, la Corona mejoró la economía malvinense desde 1970, pasando de la lana a la pesca y de ésta al petróleo, que es la fase actual y otorgando facultades para otorgar licencias al Consejo local.6

Este punto de vista es defendido a través de los grandes medios, entre otros, por los firmantes del manifiesto titulado “Malvinas, una visión alternativa”7, sobre el que muy bien se ha señalado que tiene poco de alternativa, ya que coincide con la posición británica.

También ha tomado su afilada pluma el profesor Luis Alberto Romero y ha publicado en “La Nación” una simpática nota titulada ¿Son realmente nuestras las Malvinas?8 Es la misma pregunta que se hace un británico del común, que debe buscar pacientemente en un mapa donde queda la colonia que dista casi 8.000 kilómetros de Inglaterra. Además, quisiéramos conocer el parecer de los ex combatientes sobre el particular. 

Los desmalvinizadores ocultan que los kelpers son el elemento humano del sistema colonial. Los ingleses aprendieron a reemplazar a la población nacional con habitantes importados para afirmar su dominio desde que deportaron a los irlandeses del Ulster (hoy Irlanda del Norte) y los reemplazaron por presbiterianos escoceses. Como se ve, tienen una larga experiencia colonialista.

Este sistema colonial, que es una manifestación del imperialismo en su fase actual, encuentra en decadencia al reino británico, en el marco de la crisis del sistema capitalista a escala mundial, y genera que éstos pretendan que la periferia se haga cargo de los costos de la crisis.

Conforme a ello, la política de dignidad nacional que lleva adelante la Argentina es una causa suramericana y continental, pero también es la de todos los pueblos y países dominados cultural y económicamente.

La recuperación de las Islas Malvinas implica la derrota de un fenómeno de dominación y saqueo; por consiguiente, la potencia dominante se debilita y los oprimidos que la sufren pueden a su vez enfrentarla con mayor éxito. Malvinas es una causa de justicia y libertad mundial.

Esto lo saben los ingleses, la OTAN, la CIA y sus amigos y aliados vernáculos. Por eso alimentan la desmalvinización.

Por nuestra parte, sostenemos que cada argentino que malvinizamos es un héroe caído que reivindicamos. Una profunda corriente de la Historia Universal orienta la resistencia contra la dominación colonial y une a la América como nunca antes desde la Independencia.

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«Desde la noche austral el viento trae la voz de los hermanos. La cruz del sur brilla en el firmamento. Las Malvinas están en el cielo. Y en todos los corazones.»

¡Malvinas volveremos!

 


 

FUENTES:

1– La Jefa de Estado denunció  recientemente la complicidad de ONGs con los ingleses en Malvinas. No extraña, ya que, por ejemplo Greenpeace, financiada por personajes como Ted Turner, el dueño de la CNN y terrateniente patagónico. V. Codoni, Mario, Únete a Greenpeace para defender la soberanía británica sobre las Islas Malvinas, RIN28, Mendoza, marzo 2012, www.rinacional.com.ar

 

2-Aguirre, Mauro, Las Malvinas son argentinas, y el petróleo también, Revista Integración Nacional, Mendoza, 25/02/2010. V. www.mauroaguirre.com.ar 

 

3– “…así como Thatcher se cruzó con la alocada impronta de la dictadura, Brown pareciera tener delante a una pareja presidencial, los Kirchner, que también intentan perdurar en el poder pero que, como el premier inglés – o más quizás – han perdido el favor de la sociedad”. Curiosa apreciación sobre la popularidad de NK y CFK. El columnista es mejor como cipayo que como pronosticador electoral. Van der Kooy, Eduardo, Clarín, 17-02-2010

 

4–  Ramos, Jorge Abelardo, Historia de la Nación Latinoamericana, 1º ed., Ed. Continente, Bs. As., 2011, pág. 425

 

5–  Bernal, Federico, La Armada Real y la Falkland Islands Company, desencadenantes del conflicto, Sup. Malvinas – Tiempo de descolonización, diario Tiempo Argentino, 03/03/2012

 

6–  Bernal, Federico, Malvinas y petróleo: una historia de piratas. 1ª ed., Capital Intelectual, Bs. As., 2011

 

7–  Dicen los patrióticos firmantes que: “…los habitantes de Malvinas deben ser reconocidos como sujeto de derecho. Respetar su modo de vida, como expresa la primera cláusula transitoria, implica abdicar de la intención de imponerles una soberanía, una ciudadanía, y un gobierno que no desean.” Una clase magistral de cipayaje. (La Nación, 23/02/2012.)

 

8–  Sostiene el valiente profesor que: “En Malvinas nunca hubo una población argentina, vencida y sometida. Quienes viven en ella, los falklanders, no quieren ser liberados por la Argentina. (…) Me resulta difícil pensar en una solución para Malvinas que no se base en la voluntad de sus habitantes, que viven allí desde hace casi dos siglos”. (La Nación, 14/02/2012)