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24 DE ABRIL DE 1946: EL PERONISMO NACIONALIZA LOS DEPÓSITOS BANCARIOS

 

Analizar medidas históricas que hicieron a la defensa del interés nacional como la que tomo el Gobierno de aquel entonces, conducido por Juan Perón, ponen de manifiesto que, 72 años después, la vigencia de dichas políticas contribuiría a mejorar la realidad adversa que hoy atraviesa la Argentina. Esto en pos de colocar el capital al servicio de la economía nacional, con el objetivo principal de garantizar el bienestar social. No podemos dejar de lado que en las circunstancias actuales, la independencia económica de nuestro país parece estar muy lejana, por lo menos mientras nos gobierne Mauricio Macri y los organismos internacionales de crédito. (RU)

Por Juan Facundo Besson*

En 1946 Perón tomó dos decisiones claves para avanzar en el camino hacia la soberanía económica: una, convertir en ley la nacionalización del Banco Central; la otra, la nacionalización de los depósitos bancarios.

En la Argentina anterior a 1945, los resortes fundamentales de la economía nacional se hallaban manejados por bancos privados, principalmente, en manos del imperio británico. La mayoría de los créditos eran otorgados a monopolios de capital foráneo que, luego, llevaban las ganancias al extranjero. Bajo este circuito especulativo no era posible para el país ejercer una soberanía real sobre sus recursos financieros. Es en este marco que el recupero del control de la política monetaria –con la reglamentación de la nacionalización del Banco Central y los depósitos bancarios– adquiere un gran valor para la historia de nuestro país.

En palabras del propio Perón en su discurso a la Asamblea Legislativa del 26 de octubre de 1946: “organizados como un perfecto monopolio, los bancos estaban divididos a través de un pool cerrado, en el cual las entidades particulares podían imponer su criterio en asambleas, sobre los bancos oficiales o mixtos. Así, los bancos privados con solo un aporte inicial de 30,4 por ciento del capital, tenían el extraordinario privilegio de manejar las asambleas, custodiar el oro de la Nación y el ejercicio de todas las facultades de Gobierno, indelegables por razones de soberanía estatal. El Banco Central promovía la inflación, contra la cual aparentaba luchar, violando el artículo 40 de su carta orgánica y emitiendo billetes sin limitación, contra las divisas bloqueadas en el exterior, de cuyo oro no se podía disponer en el momento de su emisión. En otras palabras, se confabulaba contra la Nación y se actuaba visiblemente en favor de intereses foráneos e internacionales. Por eso, su nacionalización ha sido, sin lugar a dudas, la medida financiera más trascendental de los últimos 50 años”.

El significado de la nacionalización de los depósitos

Perón transforma la dinámica bancaria al convertirla en una herramienta al servicio del crecimiento productivo; y a todos los bancos de plaza en instrumentos del redescuento del Banco Central. La nacionalización de los depósitos constituyó uno de los pilares claves para la planificación económica nacional y, por ende, del desarrollo nacional.

Con la nacionalización de los depósitos, el Estado tomó bajo su órbita el poder de definir la dirección de la política crediticia: volumen y dirección de los créditos, ampliación hacia sectores de la producción, plazos fijos y tasas de intereses fijadas de acuerdo a los requerimientos del país. También puso fin a la especulación financiera que se llevaba adelante con el accionar conjunto entre la banca privada y las empresas extranjeras; y con ello se limitó además el poder de coerción que los grupos concentrados de la economía internacional realizaban a través de la emisión de créditos sin control mediante bancos privados.

Perón, en su obra “La Hora de los Pueblos” de 1968 señalaba: “Nuestros países, faltos de capital, no pueden impulsar su desarrollo porque en el negocio de los países pasa lo que en todos los demás negocios: el desarrollo se impulsa a base de inversión. Siendo ello así, nuestra solución estaba en capitalizar al país. Un país se capitaliza de una sola manera: trabajando, porque nadie se hace rico pidiendo prestado o siendo objeto de la explotación ajena. Todo consistía entonces en organizarse para trabajar, crear trabajo y poner al Pueblo Argentino a realizarlo, porque el capital no es sino trabajo acumulado. Esto no era difícil en un país donde todo estaba por hacerse. A poco de andar nos percatamos que las organizaciones internacionales imperialistas tenían organizados todos los medios para descapitalizarnos mediante los famosos servicios financieros que ocasionaban anualmente la deuda externa, los servicios públicos, la comercialización agraria, los transportes marítimos y aéreos, los seguros y reaseguros, etc., y aparte de ello, gravitaban ruinosamente las evasiones visibles e invisibles de capital.

De esta manera, de poco valía trabajar si el producto de ese trabajo iba a parar a manos de nuestros explotadores. Era preciso recurrir a dos medidas indispensables para evitar esa descapitalización permanente:

1º) Nacionalizar los servicios en manos extranjeras que imponían servicios financieros en divisas.

2º) Crear una organización de control financiero que impidiera la evasión de capitales.

La compra de los servicios públicos, la repatriación de la deuda externa, la creación del Instituto de la Promoción del Intercambio (I.A.P.I.), la nacionalización de los seguros y reaseguros, la creación de una flota mercante y aérea, etc., etc., permitieron realizar lo primero. Lo segundo ocasionó la reforma bancaria y la promulgación de la Ley Nacional de Cambios. Recién entonces se pudo comenzar a cumplir el más viejo principio fenicio de la capitalización: ‘peso que entra, no debe salir’.”

Digresión: sobre la necesidad de pasar de ley de entidades financieras a una de servicios financieros

Son varias las motivaciones que podrían llevar al gobierno a encarar, finalmente, la reforma de la Ley 21.526 de Entidades Financieras vigente y que fuera promulgada el 14 de febrero de 1977 por inspiración del entonces Ministro de Economía de la dictadura José Martínez de Hoz.

Hoy nuestro sistema financiero está a merced de las corridas cambiarias, ya que la mencionada normativa deja operatorias en los márgenes del sistema financiero que son funcionales a esos embates.

En contraste con el sector de la industria y la producción, la rentabilidad del sistema bancario se mantiene por encima del promedio de cada uno de los diferentes sectores de la economía, siendo con la estructura agroexportadora y minera la que más provecho a sacado desde la era Macri.

Desde el regreso a la democracia, la ley de Martinez de Hoz no fue tocada en lo sustancial, a pesar del interesante proyecto del legislador Heller sobre una “Ley de Servicios Financieros para el Desarrollo Económico y Social” (la cual es perfectible, pero pone un piso para discutir). El proyecto declararía al sistema financiero como un servicio de interés público. Es decir que el interés del conjunto de la sociedad está por encima del prestador individual. Un segundo punto es que los “clientes” pasan a llamarse “usuarios de servicios financieros” ampliando sus derechos. La tercera cuestión es que la ley actual plantea que los bancos pueden hacer todo lo que quieran menos lo que tienen expresamente prohibido. En el proyecto los bancos podrán hacer sólo aquellas operaciones para las que están expresamente habilitados. Permite que, a partir del interés público, se establezcan sus actividades. Limita posibilidades elusivas, la imaginación creativa y un largo etcétera. Por último, el proyecto avanza en la orientación del crédito. Establecería que el 50% de la cartera de los bancos debe estar orientada a Pymes y a créditos hipotecarios para primer vivienda.

 

En resumen, es necesario ponerle un fin a este nefasto capítulo de nuestro nuevo Estatuto Legal del Coloniaje. Para ello es necesario volver a una concepción humanista del capital, donde nuestros recursos estén enfocados en la producción y no a la especulación manipulada por la oligarquía financiera global. Sólo de esta forma es posible tener un horizonte de independencia económica.

 

*Abogado (FDER-UNR). Coordinador del grupo de estudios e investigaciones “Arturo Sampay” (FDERUNR). Miembro de la Cátedra Libre “Juan Domingo Perón” (FCPOLITUNR)}

 

Fuente:

https://efemeridesjusticialistas.home.blog/2019/04/24/nacionalizacion-de-los-depositos-bancarios-2404-46/?fbclid=IwAR3CDNLiDZ1hGRTl2ZSPzvmrJx4Itmhle6FUW484EEG14ObjmM0zV9YNTsY