La revolución bolivariana: aciertos y errores que quedan entre el grito y el silencio

 

Si bien la revolución bolivariana en curso rescata una tradición histórica y latinoamericana que la precede ampliamente, podemos darle como fecha inicial el 4 de febrero de 1992 con el intento de golpe de estado contra Carlos Pérez, encabezado por quien luego será presidente de Venezuela mediante las urnas desde 1999 hasta 2013, Hugo Chávez. La defensa de la soberanía no muere con la partida física de “El Comandante”, ahonda raíces en el pueblo de Venezuela y es dirigida por Nicolás Maduro hasta la actualidad. Pero ante el golpe de estado en curso que sufre el gobierno Bolivariano de la revolución nos toca preguntarnos ¿Cuáles son las particularidades por las que atraviesa Venezuela? ¿Qué similitudes y diferencias guarda con el resto de los denominados movimientos progresistas de América Latina?, y lo más importante ¿Qué lecciones se pueden rescatar?

Simón Bolívar y San Martín dejaron herederos. Pilar fundamental del resguardo de la soberanía y punto de partida de la actual revolución, es en el Ejército de Venezuela en quien se encarna el interés nacional-latinoamericano y democrático, marcando una diferencia fundamental en la balanza a favor de las mayorías populares. No es casualidad que el vicepresidente de EEUU (y ex jefe de la CIA) Mike Pence dirija en uno de sus últimos discursos la atención a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), llamándola a desconocer a Maduro como Presidente electo1, ni tampoco es casualidad que las FANB (de la mano del actual Ministro de Defensa Venezolano Padrino López) ratifiquen su “apego a las leyes y los valores bolivarianos, reconociendo al presidente Nicolás Maduro”. De acá salió Chávez. Y su línea interna se impuso en todo el Ejército, pasando por las pruebas de fuego en el golpe de estado oligárquico del 2002 (golpe recordado por la obra de Carlos Prada en Puente Llaguno: “Entre el Grito y el Silencio”) como también en la guerra económica-paramilitar de las famosas guarimbas, intentonas de desestabilización perpetradas por Estados Unidos.

Con tal punto de apoyo como es el ejército en América Latina, es que se pudo tomar medidas de corte nacional-soberanas, como la democratización de la enorme riqueza que representa la renta petrolera venezolana. Creada en 1976, Petróleos de Venezuela S.A (PDVSA) posee la mayor reserva de hidrocarburos del mundo, alcanzando una cantidad certificada de 302 billones de barriles de petróleo en 2018 y representando más del 95% del total de las divisas que obtiene Venezuela. Es esta masiva cantidad de recursos las que se vuelcan al interior del país permitiendo, pese a un brutal bloqueo económico de EEUU y sus aliados, planes de reactivación económica, la importación de alimentos y manufacturas que no se producen en el país para el consumo interno, recuperación salarial, o el robustecimiento del sistema de seguridad social.

 Este marcado carácter democrático en lo que a la distribución de las riquezas específicamente se refiere, es de donde brota el apoyo popular en las calles de parte del pueblo, puesto de manifiesto en las movilizaciones que se dieron en todo el norte del país en repudio a quien fue la figura visible del golpe y autoproclamado presidente de Venezuela, Juan Guaidó2. Significa un mayor grado de conciencia política de parte de los y las trabajadoras de Venezuela, que no se limitan solo a la democracia formal-electoral y que pone de manifiesto un fenómeno que no tiene una réplica generalizada en América Latina. Ante el golpe de estado en Brasil y la destitución de Dilma por parte de Temer, o la traición de Lenin Moreno a Correa en Ecuador, las calles fueron mayoritaria y tristemente aquiescentes. Ni hablar de las más recientes victorias “democráticas” en Argentina y Brasil, por parte de los gobiernos pronorteamericanos de carácter antinacional como Macri y Bolsonaro.

Si a esto se le suma que el máximo órgano del poder Ejecutivo de Venezuela, el Tribunal Supremo de Justicia, no se subordina a intereses foráneos sino que brinda servicios al pueblo soberano, tales como considerar en desacato a la Asamblea Nacional y denunciar sus irregularidades3, se obtiene la receta para bloquear los golpes “suaves” de la denominada Lawfare, la guerra mediático-judicial impulsada por la casa blanca que busca poner en jaque mediante la persecución política, a cualquier dirigente opositor a los intereses del Imperialismo norteamericano. Tales son los caso de persecución política con Cristina Kirchner en Argentina y Rafael Correa en Ecuador, o la jugarreta con la que se destituyó a Dilma Rousseff y que luego impidió presentarse a elecciones a Lula Da Silva mediante su encarcelamiento sin prueba alguna4.

Pero en esta guerra quedaron flancos descubiertos. Errores que, con el paso del tiempo y la presión de distintos sectores, formaron el caldo de cultivo del cual abrevan los intereses antinacionales (de adentro y de afuera), generando una apoyatura aparentemente popular, brindada por los sectores universitarios y muchos de los sectores asalariados que viven cada día más asfixiados por una hiperinflación sideral. La espada de Damocles pende sobre las Tierras de Gracia y sus riquezas. El manantial de petróleo que yace debajo de ella — canalizando la renta que genera en pos del interés nacional mediante PDVSA– creó una dependencia económica fatal de las divisas producidas por los hidrocarburos, y que, al no tener una producción diversificada en otras áreas autónomas del mercado externo, volvió a la economía de Venezuela extremadamente dependiente del precio internacional del petróleo. La monoproducción de esta materia prima, que en tiempos de un alto valor en los mercados internacionales significó una bonanza sin precedentes en las arcas del Estado, es la que hoy en día (y junto a un constante boicot comercial liderado por EEUU) deja al gobierno Bolivariano expuesto a los ataques económicos.

El increíble caudal de riquezas que producen las materias primas de Sudamérica parece ser, al mismo tiempo, su condena. Esto es lo que ocurre actualmente no solo en Venezuela con el petróleo, sino también en Argentina con el valor internacional de la soja, o con el valor internacional del cobre en Chile. Las divisas que generan las materias primas en alza de las distintas regiones no son reinvertidas en la independización de los valores internacionales de los llamados “commodities”, o en obtener autonomía de las manufacturas producidas en las metrópolis, mediante la industrialización y diversificación de la producción Nacional. Esto condiciona, entre otras cosas, una dependencia de los medicamentos exportados en Venezuela, que junto a la importación de los alimentos son dos puntos fundamentales a los que se aboca el bloqueo imperialista ‚mediante el gobierno servil a Donald Trump de Macri ‚para que la Argentina no le brinde al pueblo hermano de Venezuela entre otras cosas, los alimentos y medicamentos que necesita, o qué Brasil de Bolsonaro le aporte recursos financieros y manufacturas más desarrolladas para salir al paso .

 Teniendo todo el potencial para la emancipación que nos brinda la integración nacional– latinoamericana, sobre todo en la complementación de nuestras producciones regionales y la creación de un gran mercado interno, se nos escapa de las manos una oportunidad que difícilmente se nos vuelva a presentar.

Sin embargo la historia, en algún momento, da revancha. Esperemos esta vez nos encuentre gloriosos y bravos, marchando a paso de vencedores.

 

 

Referencias

1https://noticieros.televisa.com/videos/mike-pence-apoya-a-la-oposicion-de-venezuela/

2https://www.telesurtv.net/news/venezuela-marcha-defensa-soberania-apoyo-nicolas-mad%20uro-201901250032.html

3https://rinacional.com.ar/sitio/golpe-olor-petroleo-la-comunidad-internacional/

4https://www.pagina12.com.ar/86842-la-guerra-juridica-o-lawfare

Valora este artículo
(2 votos)