Termina el G20: Macri, entre la estupidez y el servilismo

Macri esperaba quizá, torcer el curso de la historia con su tan esperada reunión del G20 en nuestro país. Su expectativa careció de disimulo. Pero el grado de servilismo del presidente ante los líderes de las principales potenciales imperialistas, fue opacado por las torpezas de él y su gabinete en las jornadas de la reunión. “Nos gobierna un meme”, bromeaban algunos.

No son, sin embargo, las dudosas capacidades bilingües de la vicepresidenta, las torpezas ceremoniales y protocolares que dejan a la espera de recibimiento a los presidentes en los aeropuertos, o los arranques emocionales del presidente, lo que nos merece especial atención.

Mientras Macri ofrecía a la venta a nuestro país en su discurso de inauguración, China y EEUU se contaban las costillas en el marco de la guerra comercial más grande desde la caída de la Unión Soviética. Las políticas proteccionistas del gobierno de Trump pusieron trabas al libre flujo de capitales en el mundo. Ante la relocalización de los capitales norteamericanos de vuelta en su país de origen y el impedimento del ingreso de manufacturas chinas a los Estados Unidos, Xi Jinping le pagó con la misma moneda e impuso retenciones a las importaciones yanquis.

Las dos principales economías mundiales se disputan entonces los mercados del resto del mundo, buscando reinsertar sus mercaderías y capitales en nuevas fronteras. Entre estas, las de los países de América Latina, con más de 600 millones de potenciales consumidores. A contramano de sus admirados países que sostienen una decidida política de intervención estatal en defensa de sus mercados internos, los Macri o los Bolsonaros claman por las mieles del libre comercio y esperan que las inversiones de los países civilizados desarrollen los nuestros. A cambio, esperan poder ofrecer las tradicionales materias primas de exportación.

Pero al parecer, los presidentes de los Estados Unidos y del resto de las potencias mundiales, esperan recibir sin dar demasiado a cambio. Mientras que los tímidos acuerdos de inversiones extranjeras en nuestro país pactados en el G20, distan de ser el motor del desarrollo nacional que el gobierno viene anunciando con bombo y platillo, la Argentina sigue restringida para vender carne a la Unión Europea o acero a los Estados Unidos. Siquiera unas pocas toneladas de limones.

En definitiva, mientras que desde el gobierno esperaban que las virtudes de nuestros artistas en el Teatro Colón terminaran de convencer a los primeros mandatarios de tirarse de cabeza en nuestro país, la política pasaba por otro lado. El plantón de Trump a Macri y su rumbo desnortado, es casi una alegoría de los resultados de esta nueva cumbre del G20 para nuestro país. El mundo sigue cerrando sobre sí mismo y Macri, en la mayor de todas sus imbecilidades, esperaba en dos días darle el brazo a torcer.

Modificado por última vez en Domingo, 02 Diciembre 2018 16:49
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