La Vuelta de Obligado como gesta nacional antiimperial

 

La patria siempre ha tenido enemigos foráneos pero también internos. El segundo cuarto del Siglo XIX estuvo atado al conflicto entre la fracción Rivadaviana –expresión de la burguesía comercial porteña anglófila– enfrentándose al bando compuesto por la clase ganadera bonaerense, a la cual pertenecía, Juan Manuel de Rosas. Ambos grupos se disputaban el dominio del puerto de Buenos Aires. Tenían en común que sus ganancias estaban sujetas a las exportaciones por medio de la aduana porteña. Los dividendos que dejaba el puerto, les daba el poder de discutir la distribución de la renta nacional, que lejos estaba de ser redistribuida a lo largo y ancho del país.

En el contexto mundial, precisamente en Inglaterra, se producía la revolución industrial. Nuestro país estaba caracterizado por exportar principalmente productos primarios como la carne, sumado a un tibio intento de industria nacional manufacturera, factor que no se modificaría sustancialmente hasta la llegada del peronismo a mediados del Siglo XX.

La etapa entre 1825 y 1850 provocaba en América del Sur la caída de los precios de los productos primarios, esto debido a que, por ejemplo, la lana que nuestro país exportaba hacia Inglaterra, regresaba como producto final en forma de traje u otro producto industrializado. La fabricación, el trabajo, los salarios, y el desarrollo nacional quedaba en el país de los piratas, mientras que en nuestro suelo permanecía el atraso y la precarización de la economía. Al paso del tiempo, cada vez era necesario exportar más cantidad de materia prima por la misma cantidad de oro, libras esterlinas o productos finales (esto lo explica puntillosamente en el medio pelo Arturo Jauretche como la “relación adversa del intercambio”).

La dominación de los ingleses hacía estragos en los comercios regionales de nuestro país. El fabricante inglés Richard Cobden, pintaba de cuerpo entero el contexto “Inglaterra será la fábrica del mundo y América su granja”. Para desgracia de los sicarios económicos ingleses, aparecía una brisa de esperanza para las provincias del interior. Un hombre que vendría a ser partícipe de un hito nacional con medidas proteccionistas y patrióticas, su nombre era Juan Manuel de Rosas.

El Restaurador, provenía de la clase ganadera de Buenos Aires, lo cual explica porque nunca intentó nacionalizar el puerto de Buenos Aires (este sería uno de sus principales límites políticos que determinaría su posterior derrota en Caseros). A sabiendas de esto, fue un patriota que al paso del tiempo adquiría hábitos del tan bastardeado gaucho de la época, identificándose con los mismo e incorporándolos a su ejército para que formen parte de la historia nacional. Surgía la primera expresión de un capitalismo nacional, implementando los saladeros de carne, esto en pos de emanciparse comercialmente del mercado monopólico inglés. Se fundaba un proceso industrializador del animal para su mantención y comercialización, que incluso fue de la mano con el desarrollo de una flota nacional marítima para su transporte.

La amenaza del librecambismo estaba vigente. La única forma de poder mantener un orden nacional, era escuchar los reclamos de las provincias mediterráneas que exigían políticas proteccionistas para el comercio interior. Rosas concluye la intervención militar en las provincias del interior, medida que trajo al caudillaje de la región para su bando. Por otro lado, las clases ganaderas del Litoral compartían el librecambismo con Buenos Aires. Vale volver a recalcar que nunca tuvo intención de modificar, por límites de clase, la nacionalización del puerto, el crédito público y la renta nacional.

La Ley de Aduanas como factor desencadenante de la Vuelta de Obligado

En 1835 se sanciona dicha ley, que prohibía con tarifas proteccionistas la importación de artículos fabricados en nuestro suelo. En las exportaciones generales solo se aplicaba una tasa impositiva del 4%, a diferencia del cuero demandado por los países centrales, que se les aplicaba una tasa del 25%. Los productos comercializados en el mercado interno estaban exentos de todo impuesto. Además favoreció el comercio en la región, ya que el intercambio de las provincias interiores con productos chilenos tampoco tributaba.Si bien está medida fue claramente positiva para el desarrollo nacional, no se traslado en un desarrollo industrial que estuviera a la altura de la época.

En contrapartida, los ganaderos bonaerenses que poseían un poderío económico mayor que el resto de los sectores comerciales, se oponían a la ley porque sus fuentes de ganancias estaban en el mercado mundial. El mercado conquistado por los países centrales de la época, Francia e Inglaterra, veía con malos ojos esta medida, ya que restringía y prohibía la invasión de sus productos en nuestro comercio. Los bloqueos económicos y marítimos no tardarían en llegar. Ante esta situación que comienza a tornarse insostenible, Rosas anulará la ley en 1838.

Los piratas de la economía comenzaban a quedarse con el comercio mundial. Ante esto, Francia ve una oportunidad de crecimiento económico con una posible intervención del Río de la Plata. Es falso que la disputa era por la “libre navegación de los ríos”, esto es algo que formaba parte de nuestra soberanía nacional. Se producía  el fenómeno de la dominación imperial de la época que venía a invadirnos con sus mercancías para imponernos su “civilización” a cañonazos.

Los ingleses tampoco querían quedarse fuera de la “discusión”. Ambas cancillerías forman la alianza anglofrancesa entre 1838 y 1849 con el afán de repartirse el posible negocio. Una vez más, los ingleses con sus hábitos de piratería les ganaban de mano a los galos.

Por ese entonces, la Banda Oriental era el Estado-Tapón que funcionaba como base de operaciones de las políticas imperiales británicas. Rosas, un adelantado en términos militares, se veía venir que por ese lado vendrían las estrategias bélicas de las potencias centrales. Ante su rechazo definitivo de las sugerencias “librecambistas” que proponían ambas potencias, se decretaba el bloqueo al puerto de Buenos Aires.

Todo argentino y argentina con el mínimo grado de patriotismo entendió la naturaleza del conflicto y acompañó a Rosas. La armada naval anglofrancesa invade los ríos argentinos, dando comienzo a la Vuelta de Obligado. El Comandante Mansilla fue el encargado de efectuar la estrategia militar, que radicó en extender cadenas sobre el Paraná como barricada, para lograr impedir el paso de la flota imperialista momentáneamente. Al paso, los buques británicos y franceses saquean Gualeguaychú, incendia el puerto Colonia y se adjudican la isla Martín García. El espíritu nacional de resistencia por parte del ejército argentino no daba el brazo a torcer. Llegó un punto en que la flota pirata a pesar de ir ganando la guuerra, comprendía que no había forma de penetrar en territorio nacional, desiste en el avance para someterse a negociaciones.

Rosas acordaba con las potencias imperiales europeas un tratado donde se dejaba en claro que la navegación de los ríos estaba sujeta a las leyes soberanas nacionales de nuestro país, inmediatamente debían evacuar la isla Martín García, y, como si esto fuera poco, en su retirada debían saludar la bandera nacional. Un triunfo histórico de la causa nacional y popular, a tal grado de que por dicha hazaña, el General San Martín ofrecía la espada de la Independencia al servicio del Restaurador.

Hoy a 173 años, traer a cuento dicha gesta nacional entendiendo la importancia de rememorar las jornadas históricas de nuestra patria, sirven como una herramienta más para la recuperación de la conciencia nacional. No se puede dejar de suponer que, de haber vivido en esa época, el cipayo y vende patria de Mauricio Macri y quienes componen su gobierno, serían aliados del ejército anglofrancés al completo servicio de la causa imperial.

Las políticas llevadas adelante por Cambiemos, en la cual muchos de sus funcionarios son descendientes de la clase social a la que pertenecían Rivadavia, Mitre y compañia, demuestra que no es casual que hoy formen parte de esa burguesía comercial porteña cipaya. Las historias pasadas dejan en claro que para instalar el librecambismo en épocas anteriores eran necesarias las armas. En la actualidad, el gobierno entreguista de Mauricio Macri, somete los intereses nacionales sin la necesidad de que las potencias centrales gasten una sola bala. Librecambistas o proteccionistas, nacionalistas situados u oligarcas. Cambian los nombres, se repiten las políticas.

 

Fuente:

Las masas y las lanzas; El nacionalismo ganadero; de Jorge Abelardo Ramos. http://jorgeabelardoramos.com/libros/37/Libro%201%20-%20Las%20Masas%20y%20las%20lanzas.pdf

Modificado por última vez en Miércoles, 21 Noviembre 2018 00:21
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