Imprimir esta página

¡Padre augusto del pueblo argentino!

Primer gobernador de una provincia de Cuyo en vías de ser industrializada, electo por el voto popular e independiente de Buenos Aires, es en la comprensión de su lucha y sus ideas en donde hoy encontramos uno de los más valiosos instrumentos para enfrentar las adversidades del presente. Sepultado y deformado bajo la presión de la historiografía oligárquica, su legado se convierte en una hoja de ruta para nuestra actualidad, encerrando un vivísimo pensamiento que demuestra nuestra  capacidad de pensar y actuar en términos revolucionarios conforme a los problemas que actualmente sufrimos.

 

En la continuación de su lucha por la soberanía nacional y democrática tenemos los principios fundantes de un pensamiento propio, justo y digno. Los ecos de aquel 9 de julio de 1816, en el que las Provincias Unidas del Rio de la Plata reunidas en el Congreso General de Tucumán, agregaban en la proclama de la independencia del Rey de España, bajo la presión directa del general, “y de toda otra dominación extranjera” nos llegan como un pesar tragicómico.

Quienes en Argentina vivimos hemos sido sometidos una vez más a voluntades ajenas del interés popular. Mauricio Macri se arrodilla, como su antecesor Rivadavia ante el Imperio Ingles, ante Christine Lagarde. Es la casa rosada una mera sucursal el Fondo Monetario Internacional, y es el gobierno nacional el encargado de impartir la miseria y el hambre bajo el brutal ajuste. Hoy nos toca recordar, no a la vacía imagen de prócer escolar que nos imponen, sino a uno de los más resueltos luchadores por la emancipación y unidad  de América Latina,  continuar su lucha por nuestra independencia y la de las grandes mayorías desfavorecidas de estas tierras  para que, entre todos podamos forjar una patria un poco más justa.